AUTORA: MARÍA JANET AVILÉS LÓPEZ (MJ FÉNIX MX)
Él aparenta apenas los treinta y nueve
no sabe que lo observo desde lo alto de una torre.
Intenta cada mañana cazar las aves que trinan.
Fracasado a sus aposentos vuelve,
dejando sus nervios y humor al borde,
mientras mis ojos por él lloviznan.
Es como un niño que ama la naturaleza,
a veces pasea por el bosque,
y a ojos cerrados disfruta de esa grácil belleza.
Miras las flores, y su chispeante humor sufre un revés.
Es cuando pienso que qué importa si me obsequia una madreselva o un espino,
si para él la muerte es mi destino,
ya sea en sus manos o por vejez,
pues he notado que tiene la típica mirada de un loco asesino.
Si él se dignara a mirarme,
y por destino leyera este poema,
sabría que su mal humor no es el tema,
sino mi deseo que lancé al cielo para que él pueda amarme.
Si de verdad es un hombre que culmina vidas,
entendería que feliz le entregaría todas las mías,
mientras sus manos rodeen mi talle,
y con sutileza dejara a mi existencia gris y fría.
¡Oh, qué romántico detalle!
Quizás en este punto él sonreiría, y loco diría:
¡Guau, nadie me había dado de amor y asesinato una guía.
Hombre misterioso... amado mío, puedes dejar mi cuerpo frío.
Ya sea con un acertijo descifrado por tu cuchillo,
o por un disparo que a mis ojos les quite el brillo.
Nadie ha comprendido a Shakespeare, muchos a Hamlet,
han redimido a Romeo y asesinado el romance.
Yo veo a Morticia y Homero con en un trance,
son guía de amor y (buscar rima).
Asesino mío, vuelve soy tu destino,
no huyas de esas patrullas.
¿No ves que esta alma y sus rimas son tuyas?
Desalmado podrías arrancarme el rostro de un mordizco,
y como en un sueño cómo me robas el último aliento
y gustosa hasta me daría un pellizco,
para ver que es verdad desde el dolor hasta el roce de el frío viento.
No quiero sufrir todo un tormento,
ser secuestrada por tus labios sin recibir de elklos un beso.
Solo sacia tu locura con mi muerte un momento,
y otro rato en el que con mi amor te emebeleso.
Corta la dermis de mis pechos y come de ellos,
sírvete cual caníbal de mi carne y hasta mis vellos.
Sé aquél que desuelle mi cuerpo,
un instante de romance con mi pulso muerto.
Este poema es la guía de un asesino,
el hombre que quiero que me tome suya hasta el tuétano.
No amo el amor trágico, tampoco el cliché de un filme,
pero lo que te he dicho en esta guía permanece fiel y firme.